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Adopción; una experiencia de amor

Twitter: @Solus_Lupus_PR

3 de noviembre de 2015

Saludos amigo lector.  Hoy es una de esas ocasiones en las que no hablaré del tema habitual y por el que muchos de ustedes me siguen.  Hoy les hablaré del tema de la adopción y de cómo esa es una muestra de amor.  No piensen que vendré con un tema chicloso o rosita.  El tema de la adopción en Puerto Rico es un tema que debe ser evaluado en mayor profundidad del que se hace. 

Por años hemos sabido que el Departamento de la Familia, agencia encargada de los procesos de adopción de Puerto Rico, no hace mucho por los procesos de adopción y que en muchas ocasiones lo que propende esta agencia es a entorpecer los deseos de miles de candidatos a padres adoptantes, a que puedan ver hecho realidad su sueño de adoptar.  La burocracia gubernamental se come los deseos de los futuros padres y escava un hoyo cada vez mayor en el cual las esperanzas de los padres y el futuro de los bebés, niños y adolescentes en las listas para ser adoptados caen para no salir de allí jamás.

Gracias a Dios, aún con toda esa burocracia, con todos esos escollos hay cientos de padres adoptantes que logran ver su sueño hecho realidad y pueden acariciar en sus brazos, reconfortar y guiar a sus hijos hacia el camino de bien, en un territorio que cada vez carece de ejemplos de moral y civismo.

Tengo que admitir que yo soy uno de esos padres adoptantes que vio su deseo hecho realidad.  Hace ya 16 años y medio, comencé junto a mi esposa el duro proceso de adopción a través del Departamento de la Familia.  Les admito que el proceso es atemorizante, muy complejo y desalentador. Lo primero que nos requerían era una entrevista en la cual nos preguntaban de todo, siendo en algunos casos obvios, pero en otros casos sumamente ridículos.  Con esta entrevista inicial, el Departamento crea una especie de “profile” o carpeta en la cual se destacan las características a groso modo que tiene la pareja adoptante.
Luego de esta entrevista el Departamento comienza el proceso evaluativo en el cual se incluyen entrevistas a los vecinos y familiares de la pareja interesada.  Con esto ellos refuerzan el “profile” inicial hecho por ellos en la entrevista e incluso cosas que quizás por olvido, a propósito o sin querer, hayan tenido los entrevistados.
Este proceso para nosotros duró cerca de medio año; aunque no tardó más ya que comencé a llamar casi todas las semanas preguntando por el estatus de la solicitud de adopción.  Una vez que logré la atención del trabajador social a cargo de nuestro caso, comenzó el proceso de selección, en el cual el Departamento de la Familia verificaba los niños o niñas que llenaran las características solicitadas, con los records de varias familias.  Luego de cerca de otros 6 meses, recibí la llamada que nos cambió la vida a mi esposa y a mí.  Nos llamaron para que pasáramos a recoger a nuestro hijo. Ese día; debo admitir que cambió mi vida para siempre, de maneras que ni imaginaba.  Salí como un loco a recoger a mi esposa y salimos como corredores de NASCAR en camino al Departamento de la Familia de la región donde vivíamos en ese entonces. Una vez llegamos allí, vimos al niño más hermoso del mundo. Aún recuerdo cuando me lo dieron a cargar.  Creo que no me lavé las manos en una semana (mentira, si lo hice). Salimos a nuestra casa y de allí salí a comprar ropa, cuna, coche, botellas, pampers, todo lo necesario para poder atender adecuadamente a un bebé.  Durante el proceso de adopción, solo había tenido tiempo a preparar el cuarto, pero debido a que no sabíamos si sería niño o niña; no teníamos nada.

Recuerdo que esos primeros días perdí completamente el sueño, no dormía. Nos la pasábamos mi esposa y yo viéndolo dormir en su cuna, preocupados porque no le fuera a pasar nada.  Cuando conciliábamos el sueño, rápidamente nos despertábamos pensando que estaba llorando.  La realidad es que desde ese momento en adelante, mi capacidad de dormir no ha sido la misma; pero que gratificante ha sido. 

Pero el que nos hubiesen dado a nuestro hijo era solo la mitad del proceso.  Luego nos correspondía un periodo de prueba que en algunos casos se podría prolongar por cerca de un año y así mismo fue.  Luego de ese periodo de prueba, comenzaba la última etapa que era la de que el tribunal hiciera oficial la adopción.  Para mi ese proceso fue largo, pero al final, se dio y pudimos tener en nuestras manos la sentencia que nos indicaba que nuestro hijo era finalmente nuestro.  Esa sentencia permitió que en su certificado de nacimiento dijera que mi esposa y yo éramos sus padres, aunque nuestro corazón ya sabía eso; leerlo fue una epifanía.

Hoy luego de muchos años, doy gracias a Dios porque puso en nuestro camino a todas las personas que intervinieron en nuestro caso con el Departamento de la Familia y que permitieron que fuéramos padres.  Hoy doy gracias a Dios porque mi hijo ha resultado ser todo y mucho más de lo que nosotros esperábamos. Hoy mi hijo es una persona de bien, un ser humano excepcional.  Nuestro hijo nos ha enseñado no solo a ser padres, sino a ser mejores personas. Todos los días le enseñamos las cosas que lo harán un ciudadano de bien, pero también todos los días él nos enseña, que la paternidad no solo es ser proveedores, sino que conlleva sacrificio, amor y mucho empeño.  Mi esposa y yo no somos ni hemos sido de esos padres que dejan a los hijos frente a un televisor con algún video de Barney o de los Teletubbies.  No creemos en que los celulares, los tablets o las computadoras son las niñeras del Siglo 21. Creemos que ser padres requiere de esfuerzo, empeño, sacrificio y amor. Hay que dedicarles tiempo a los hijos y gracias a Dios, tanto mi esposa como yo, eso hemos hecho con nuestro hijo y con sus hermanos.

Hoy un amigo mío me informó que piensa adoptar y pidió mi consejo.  Me indicó que leyó un reportaje en el que indicaba que en Puerto Rico hay muchos niños o adolescentes que esperan por ser adoptados y que las probabilidades de que eso suceda son limitadas, ya que los mismos tienen entre 5 a 17 años. En el reportaje decía que todo el mundo quiere bebés y que esos niños cuando llegan a los 5 años entran en una edad en la que con cada año que pasa, las probabilidades de que sean adoptados se acortan.  Mi amigo me dijo que quiere adoptar de esas edades, que tanto él como su esposa le quieren dar a ese niño o niña la oportunidad de tener un hogar.  Recuerdo claramente que le dije a mi amigo que hacía bien, pero que con la adopción, iba a recibir más de lo que él y su esposa iban a dar. Esa criatura, les iba a cambiar sus vidas para mejor. Hablando con mi amigo, sentí la necesidad de escribir esta columna. Ustedes saben que no tiendo a hablar mucho de mí, mucho menos de mi familia, pero un tema como este merece una columna de Solus Lupus News.

Hoy les pido a todos ustedes allá afuera que no tienen hijos, o quizás aquellos que ya tienen, que se pongan a pensar y consideren si tienen un pedazo de su corazón con espacio para un niño boricua que necesita ser adoptado. Que tengan un espacio en su corazón para darle amor y cariño a un niño o niña boricua.  Les aseguro que si adoptan a uno de esos niños no solo harán una buena obra, sino que ganarán tantas recompensas al criar un hijo, que jamás volverán a ser los mismos.  Serán muy felices y harán a un niño muy feliz. Imaginen hoy un niño o niña que nunca ha tenido una cena de Acción de Gracias o una Navidad en familia. Ahora imaginen por un momento, a uno de ustedes compartiendo esas experiencias con un hijo.  Les aseguro que si lo consideran y finalmente lo hacen, me lo agradecerán. Yo por mi parte les digo que un niño o niña puertorriqueña les agradecerá de por vida su decisión.

Twitter: @Solus_Lupus_PR

3 thoughts on “Adopción; una experiencia de amor

  1. Pingback: Escritos de Slus Lupus Sobre Puerto Rico y su Futuro – Sacríficate Horas Por Tú Patria Puerto Rico y Tú Nación USA | Estado51PRUSA.com — PR sin USA, No es PR; USA sin PR, No es USA.

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